viernes, 16 de marzo de 2012

Roger Waters en River 2012: una ridiculez de alto nivel.

Roger Waters en River 2012: una ridiculez de alto nivel.

Ayer estaba laburando en el subte con el trompetista con el que suelo laburar en el subte. Todo muy normal. Un día común. Hicimos algunos vagones y algo de plata. Alrededor de las 20:30 hs., luego de tocar unas versiones poco felices de “Blue Drag” y de “All of me”, les hablé a los pasajeros del vagón:
- Tocamos blah blah blah, de Django Reinhardt y blah blah blah de no me acuerdo quién. Sepan disculpar las desprolijidades, pasa que el primero es la primera vez que lo tocamos y el segundo no lo tocábamos hace bastante.
Se ve que un muchacho se conmovió, o tal vez realmente le gustó, y cuando terminamos de pasar la bolsa de la colaboración, se acercó y nos dijo:
- Chicos, ¿tienen donde dejar las cosas? Porque tengo dos entradas vip para Roger Waters en River, pero ya, a las nueve y media.
Lo miramos asombrados, revisamos los sobres y efectivamente había dos entradas. Le agradecimos, e informamos a los pasajeros que el día laboral había terminado, que teníamos que ir a ver un recital.
Dejamos las cosas en una casa cercana, y contra reloj fuimos hasta la cancha de River que ni sabíamos donde quedaba.
Entré al estadio corriendo, sin saber muy bien por qué corría, pero es que alguien me dijo “corré que ya empezó”, y por algún motivo le hice caso. Así que medio transpirado ingresé por un costado que estaba muy muy muy cerca del escenario inmenso y ostentoso que se erguía sobre vaya a saber uno qué costado del campo.
Estaba sonando “Another brick in the wall” y en el escenario unos guachitos hacían el playback de los coros mientras bailaban junto a Roger Waters una coreografía bastante simpática y torpe.
El acomodador me acomodó en mi asiento, que según informaba mi entrada, era el número 72, y había salido $1.100. Me senté molestando un poco a los espectadores que habían llegado a horario y me miraron poniendo caras bastante desaprobadoras. La silla era muy incómoda, de esas típicas de plástico, en general de color blanco que hay en toda fiesta o en el patio de la casa de mi vieja y estaba apretado, medio de costado entre dos tipos.
Terminó el hit, o bueno, uno de los tantos hits que tiene tremendo disco, y Roger decidió dedicarles el show, utilizando ese típico español que utilizan los anglosajones que no cazan una de español, a las Madres de Plaza de Mayo y a Ernesto Sábato, por sus respectivas luchas contra el terrorismo de Estado, y cerró con la frase “Nunca más” lo que enfervorizó al excitado público que aplaudió y gritó palabras como “genio”, “ídolo”, “capo”, etcétera.
Y se vino “Mother”, sin mayores sobresaltos, exceptuando el momento en el que la letra pregunta “¿Madre, debería confiar en el gobierno?”, y en la pantalla se proyectó la oración “Ni en pedo”, y la gente gritó y se estremeció de alegría ante tal argentinismo y olvidó por unos instantes que Roger se había juntado con la jefa de Estado a charlar quién sabe de qué apenas llegó al país, y lo que es mucho peor, se había juntado con gente desastrosa del ámbito de la política, gente como Sebastián Piñeira o bueno...Mauricio Macri...nefasto.
El hecho de que la voz del genio, ídolo, capo, estuviera altamente modificada por quien sabe cuantos efectos, además de doblada por un cantante de esos de Operación Triunfo, tres negras y un sintetizador, no creo que deba ser objeto de juicio. A los 68 años, Roger ya casi no debe poder ni hablar. No es su culpa. A todos nos va a pasar.
Luego me morfé “Goodbye blue sky”. El show estaba basado, además de obviamente en la música, en un alto despliegue de proyecciones audiovisuales. A medida que iba transcurriendo el recital, unos tipos vestidos sin ninguna particularidad escenográfica, iban poniendo ladrillos gigantes en una estructura. Éstos le daban forma a la pantalla en la cual se iban desenvolviendo las proyecciones. En una de esas proyecciones, un ejército de aviones negros venía desde el fondo avanzado lentamente, y empezaba a tirar unas bombas. Esas bombas tenían forma de: el símbolo comunista, la estrella hebrea, la almeja de una reconocida marca de combustibles, y la estrella de tres puntas de una marca de autos alemana muy mona. La gente enloqueció de placer anticapitalista. Algo muy extraño por cierto, teniendo en cuenta el escenario ultra marketinero del cual todos estábamos siendo parte. Muy extraño, teniendo en cuenta la publicidad asquerosa de dichas marcas. Obviamente, si se hubiera buscado hacer una denuncia contra empresas multinacionales, se habrían usado un montón de marcas más, en vez de estas dos constantemente repetidas.
Luego algunos temas más. Todos en orden, claro. No recuerdo nada significativo, exceptuando mis constantes ganas de irme, hasta que llegó el momento de “Baby don´t leave me now”, canción en la que Waters se luce cantando casi a capella, solo, de este lado del muro que a esa altura ya está casi completamente construido. Yace sentado sobre una silla a modo de cowboy en la taberna, con el respaldo hacia delante y los brazos apoyados sobre éste. Canta esa melodía triste, y se mueve y actúa la letra del tema, haciendo ademanes de desconsuelo, dolor y súplica. Mientras en la pantalla se ve la imagen de una chica de unos veintipico de años. Es raro ver a un señor de 68 dolido por una joven. A esa edad yo me imagino que ese tipo de problemas ya no existen. Y Roger está mal, triste. Pero le cuesta representar esos sentimientos. Le cuesta representar cualquier cosa me parece. La situación se me volvió incómoda. Me dio una vergüenza ajena bastante significativa.
Por suerte, se vino “Goodbye cruel World” y terminó la primera parte, así que me paré para estirar las piernas y caminar un poco. Pensé que estaba parado en el lugar en dónde alguna vez habían estado parados Enzo Francescoli, Maradona, Bochini, y la sensación me reconfortó un poco. Cualquier cosa podía reconfortarme a esa altura. Osé intentar comer una hamburguesa que vendía un vendedor con pinta de vendedor de Los Simpsons. El alimento salía veinte pesos, y tenía el tamaño y la forma justa como para hacer patito en el río Neuquén. Descarté la opción. La gente estaba alborotada. Decían que la estaban pasando bien, que el show era increíble, espectacular. Mi teoría es que alguien que gastó mil pesos en una entrada, no puede ponerse a criticar el show, porque sería hacerse cargo de su propia estupidez fanática. Tuve la suerte de no pagar y poder mirar sin otro peso en mi pasado que mi fanatismo adolescente por Pink Floyd, que estaba siendo fuertemente violado y violentado por semejante propuesta comercial anti Floyd, anti música, anti The Wall. Pero los que pagaron, a pesar de demostrar lo contrario, en el fondo se sienten estafados, sólo que la vergüenza de sentirse estafado con este tipo de cosas es fuerte, así que salen diciendo todos que el recital de Roger Waters es una genialidad sin precedentes, y que por eso llenó nueve Rivers y estadios similares en varias ciudades del mundo.
Mientras en la pantalla había fotos y datos de personas muertas en guerras y atentados, emprendí mi camino hacia la puerta de salida, ante la sorpresa del personal de seguridad. Les expliqué que me iba porque no había pagado la entrada así que tenía derecho.
Recordé que el flaco que nos dio las entradas había dicho que estaba por tirarlas a la basura, y recién ahí pude entender todo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial! Gracias por escribirlo!

transeunte dijo...

Sabias palabras..
Esta sobreinflado, super inflado, la tele, el tremendo cartel en la 9 de julio, la gente que no acepta desilucionarse..
Es una mierda,
y lo peor es que puede arruinar el lindo recuedo de "the wall"..

pink dijo...

¿Sabés? no creo que la gente se desilusione con este tipo de personajes. Algo huele a podrido en Dinamarca, hermano

www.acopiosdelavidacotidiana.blosgpot.com dijo...

Me parece que lo mejor de toda la experiencia empieza y termina en tu explicación al público en el subte...algo que quizás, Waters podría haber imitado....!!! Me imagino la cara de la gente escuchando a un tipo que se disculpa porque ya no es lo mismo, ni su voz, ni su ideología, ni su dignidad!!...Cuánto lamento tener que decir esto de quien marcó a fuego mi adolescencia!!!

Formateo dijo...

Nadie se baña dos veces en un mismo río, aquel Roger está muerto y éste es tan solo la imagen deteriorada de un sonido detrás de la pared que luego de juntar 25 palos verdes en pocos días se fue a pescar a los lagos "privados" de la patagonia. En fin, su show valió la pena porque hoy leí esta crónica y sonreí felizmente.

Úrsula Ramat dijo...

¿Entonces que esperabas?.
Decís que en tu adolescencia eras un fanático de Pink Floyd.
Querías ver a tu héroe, haciendo de River, una cápsula anti-capitalista, o si preferís, una verdadera burbuja comunista? Esas cosas no existen Pato, es tan iluso como pensar que si te fueses a vivir a la montaña estarías fuera del sistema.
A mi, y a la gente con la que fui a verlo, también nos resultó incómodo, como a vos, la contradicción, el play-back, el cocacolero. Pero ya estamos grandes no?, como para comprender que no hay héroes.
Por qué exigirle a un tipo que sea mas de lo que nosotros mismos podemos ser?. Por qué exigirle que sea un Che Guevara?
Vi, esa noche, el mejor espectáculo audiovisual de toda mi vida. Un espectáculo irreproducible en esta parte del mundo, por cuestiones lógicas que no tengo que explicarte. Yo, no me sentí avergonzada de haber pagado, como asegurás vos que nos sentimos todos.
Te puedo preguntar por qué te hizo sentir tan incómodo, tan avergonzado, ver a Watters representando tan mal el sentimiento de tristeza?... Digo, después de todo no es un actor.
Sabés que si no tuviera la confianza que tengo con vos, y si no te supiera inteligente, ni siquiera me gastaría en comentar tu publicación.